El anuncio
Aquella mañana se había levantado con la conciencia podrida, quizás porque la congestión nasal que tenía encima le impedía pensar con clara definición. Sin embargo, había logrado ir al trabajo y hacer su jornada laboral de una forma más o menos digna. Mantuvo varias entrevistas de trabajo, estampó su firma en varios documentos, mandó redactar varios mails a su secretaria y luego sin que nadie se enterase miró aquella extraña web de Internet en la que los contactos entre personas eran el reclamo para atraer a los internautas. Solían buscar en las listas personas con unas determinadas cualidades. Edad, aficiones, nivel cultural. Siempre se decía que el físico no le importaba, pero sin duda era lo más determinante. Nunca había tenido experiencia alguna por medio de la red.
Los anuncios de contactos se le aparecían como una lista interminable. La mayoría de ellos tenían decenas de respuestas, muchos hacían alusión a algún detalle del físico de la persona que salía en el contacto. Pero este no, “investigador busca pareja para experimento sexual”. Así en minúsculas y en medio de varios mensajes que hacían referencia a varias “quedadas”. Hizo un clic en el link y apareció un breve mensaje. “Psicólogo investigador busca diez mujeres de distintos niveles culturales económicos y sociales para llevar a cabo un experimento sobre la sexualidad humana – psicologoman@yahoo.com”.
Dudó durante un instante. Miró a su alrededor y no encontró más que las paredes, los muebles y una foto de su hijo y su marido montados los dos sobre una yegua.
Ariadna solía montar a caballo cuando era joven en la finca de sus abuelos, donde años atrás había conocido a Ándrés, su marido, con el que no cohabitaba en la cama desde hacía dos años. La afición se la quiso pasar a su hijo, pero el niño ya ni era niño ni tenia la más mínima intención de pasar un fin de semana con sus padres montando a caballo.
Se sintió sola una vez más. Pensó en el ruido de la oficina, los teléfonos, al otro lado de las paredes, miró hacia la ventana donde veía la inmensidad de una ciudad indeterminada. Dibujó con un bolígrafo extrañas figuras en un sobre y luego escribió brevemente con el teclado de su ordenador.
Cuando Pablo abrió su correo ella dormía en el sofá. “Saludos. Quisiera saber algo más sobre su anuncio publicado en la web http://www.empareja2.com”.

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